El amor de una madre puede transformarse en esperanza para muchas otras familias.
En medio de los retos que implica criar a un hijo con necesidades especiales, Violeta Aldaz Cervantes, ingeniera en sistemas, encontró una misión de vida: acompañar y orientar a otras familias que viven la misma realidad.

Su historia comenzó en 2013, cuando su hijo Ricardo, a quien cariñosamente llama “Rico”, fue diagnosticado con autismo y parálisis cerebral infantil. Desde entonces, Violeta decidió dejar su profesión para dedicarse de tiempo completo a su cuidado, enfrentando un camino lleno de aprendizaje, paciencia y amor.
Con el paso del tiempo, la necesidad de comprender y aceptar el diagnóstico dentro de su propia familia la llevó a organizar pequeñas reuniones y actividades para acercar a sus seres queridos a la realidad de Rico. Aquellas reuniones se transformaron poco a poco en un movimiento de apoyo que hoy busca orientar a más familias que atraviesan situaciones similares.
Actualmente, Violeta brinda acompañamiento emocional, información y orientación a padres de niños con necesidades especiales, ayudándolos a encontrar terapias, especialistas y centros adecuados para el desarrollo de sus hijos. Pero, sobre todo, ofrece algo que considera fundamental: no sentirse solos en el proceso.
Su trabajo también busca generar conciencia en la sociedad. Cada 2 de abril, cuando se conmemora el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, participa en actividades como caravanas, murales, reuniones y eventos informativos para visibilizar esta condición y promover la inclusión.
Entre sus proyectos próximos destaca la organización de una conferencia sobre alimentación y autismo, un tema que considera clave para el bienestar de los niños dentro del espectro. Para ello, está en contacto con especialistas que puedan orientar a padres sobre cómo manejar la alimentación y las crisis relacionadas con este aspecto.
Durante la entrevista, Violeta compartió un mensaje claro para las familias que comienzan este camino: no desesperarse y buscar una red de apoyo. Explica que el diagnóstico puede ser difícil al principio, pero con paciencia, información y acompañamiento es posible avanzar.
“Las familias deben saber que no están solas”, señala, convencida de que la unión entre padres, familiares, amigos y profesionales puede marcar una gran diferencia en la vida de los niños.
Su historia demuestra que, incluso en medio de los desafíos, el amor de una madre puede transformarse en esperanza para muchas otras familias.

