El mensaje que quieren dejar a la comunidad nace de su propia historia familiar
En una casa pintada de rosa, en la colonia Miguel Hidalgo, viven 38 perritos que no están en un refugio ni en un albergue. Patricia Aldape y su hija Mariel Cortez, administradora de la página Huellitas al Rescate, explican que se trata de una estancia, porque los animales forman parte de su hogar y de su familia. Lo que pocos saben es que esta historia de ayuda no empezó con ellas, sino con el padre de Patricia, quien sin llamarse rescatista, fue quien sembró el amor por los animales que hoy continúa por tres generaciones.

Patricia recuerda que cuando era niña, su papá trabajaba en la zona de Nuevo Progreso y constantemente encontraba perritos abandonados en el camino. Él no podía dejarlos en la calle y los llevaba a casa para curarlos, alimentarlos y darles refugio. En ese tiempo no existían redes sociales ni grupos de rescate, simplemente era ayudar porque el corazón lo pedía. Esa experiencia marcó su vida, y con los años ella siguió haciendo lo mismo.
Desde los 16 años Patricia comenzó a recoger perritos por su cuenta. Primero eran dos, luego cinco, después diez. Su familia era humilde y no siempre alcanzaba para más, pero nunca dejaron de ayudar dentro de sus posibilidades. Con el tiempo, cuando empezó a trabajar, pudo comprar casitas, pagar veterinario y darles mejores cuidados, hasta que sin darse cuenta ya tenía decenas de animales bajo su protección.

Hoy la historia continúa con su hija Mariel Cortez, quien creció viendo lo mismo que su mamá vio de niña: perritos llegando a casa para ser curados y protegidos. Por eso decidió involucrarse, crear y administrar la página Huellitas al Rescate, con el objetivo de dar a conocer las historias de los animales y crear conciencia, más que pedir ayuda.

Ellas aclaran que no es un refugio, sino una estancia, porque no trabajan como rescatistas tradicionales ni viven de donaciones. La mayoría de los gastos salen de su propio esfuerzo, de su trabajo y de apoyos voluntarios de personas que se conmueven y deciden ayudar. Actualmente mantienen cerca de 38 perritos, lo que significa alimento diario, atención veterinaria y mucho trabajo físico todos los días.
Su labor se enfoca principalmente en los lugares donde casi nadie quiere ir: brechas, panteones, orillas de canal y zonas alejadas, donde suelen abandonar animales enfermos o heridos. Dicen que lo más difícil no es el trabajo, sino la impotencia de no poder ayudar a todos, sobre todo cuando llegan tarde o cuando no hay recursos suficientes.
A diferencia de muchos lugares, en la estancia sí dan perritos en adopción, porque su intención no es acumularlos, sino que encuentren una familia que los quiera. Para ellas, rescatar significa darles una segunda oportunidad, no solo mantenerlos encerrados.

El mensaje que quieren dejar a la comunidad nace de su propia historia familiar:
Enseñar a los niños a amar y respetar a los animales, porque así como el padre de Patricia le enseñó a ella, hoy ella le enseñó a su hija, y gracias a eso, decenas de perritos han podido salvar su vida.
Quien desee apoyar puede comunicarse con la página Huellitas al Rescate o acudir a la calle Lucio Blanco #602, colonia Miguel Hidalgo, donde esta estancia sigue demostrando que el amor por los animales también se hereda.


